La vuelta al mundo en una comida

 

Héctor Gravina

INTRODUCCIÓN (Segundo borrador)

Este borrador es una adaptación de la ponencia presentada a las II Jornadas de Urdaibai sobre Desarrollo Sostenible, a las que acudí en representación de Plataforma Rural, el 28 de noviembre de 1996. Dado la temática de la ponencia, esta podría transformarse en la introducción a un trabajo sobre las consecuencias socio-ambientales de la producción y distribución en gran escala de productos alimentarios en el Estado Español. Como tal borrador está abierto a vuestras críticas y aportes y, evidentemente, sujeto a posteriores modificaciones en función del avance del trabajo.

 

Introducción:

 

Cuando desde AEDENAT y la PLATAFORMA RURAL planteamos la creación de redes de comercialización directa de productos alimentarios lo hacemos con la convicción de su utilidad y necesidad para solucionar, aunque sea en una mínima parte, la crisis social y ecológica que hoy afecta al medio rural del Estado Español. No es este el lugar para hacer un estudio en profundidad de los factores que han provocado esta crisis, baste con señalar algunos aspectos de la misma: despoblamiento rural, desvalorización del trabajo agrícola respecto a otros sectores sociales, desertización, contaminación de acuíferos, etc.

La comercialización directa de productos alimentarios no es un mero cambio de marca. No es dejar de beber Coca Cola y pasarse a Pepsi, no es adquirir productos Nike en lugar de Reebok. Tampoco es no comprar en hipermercados y acudir a la tienda de Doña María, como lo hacían nuestros mayores, aunque esto acarree innumerables ventajas sociales.

La articulación de redes en pequeña escala implica asumir un compromiso económico, social y ecológico por parte del productor y el consumidor; que ambos tomen conciencia de la situación social y ecológica de la comunidad y la región donde viven y, sobre todo, que crean en la asociación de los seres humanos como forma de producir el cambio socio-histórico.

Antes de pasar a definir los objetivos de los circuitos de comercialización directa conviene analizar, de forma breve, casi telegráfica, y a modo de mero inventario, algunos de los principales problemas que ocasiona la producción y distribución a gran escala de productos alimentarios. Este análisis se hace necesario dado el atraso en la concienciación del consumidor y a la carencia que padecemos en el Estado Español de estudios sistemáticos, en profundidad, sobre este tema.

En efecto, cualquier investigador que desee estudiar esta materia se enfrentará a la dispersión de datos entre los distintos Ministerios del Gobierno Central y las Consejerías de las Administraciones Autónomas. A esto se suma la falta de articulación teórica y bibliográfica realizada en nuestro país. Sólo existen, al menos que nosotros conozcamos, trabajos realizados en otros países europeos y estudios fragmentarios de muchos aspectos, pero carentes de ensamblaje entre sí. Pero, como decía el poeta: "... se hace camino al andar... "; entonces, basta ya de rodeos y comencemos la marcha.

 

  1. Principales consecuencias económicas, sociales y ecológicas de la producción y distribución en gran escala de productos alimentarios:

       

    • Consecuencias económicas y sociales:
    • Este tipo de producción y distribución es uno de los aspectos que asume lo que se ha dado en denominar el "proceso de modernización" y de "integración en la economía mundial", que si bien se inicia en nuestro país a comienzos de los aÑos 60, adquiere una mayor intensidad con la entrada en la CEE (1986) y se acentúa aún más con la implantación del Mercado Único (1993). Este proceso se caracteriza a nivel mundial, y nuestro país no es una excepción, por la eliminación de la producción agrícola local, diversificada y autosuficiente y su reemplazo por una producción basada en el monocultivo destinado a la exportación; lo que implica una mayor capitalización, tecnificación y consumo energético de la actividad agraria. Esto ha provocado de una creciente concentración parcelaria, ya que el minifundio no reúne las condiciones de rentabilidad económica necesaria para este tipo de producción. El crecimiento del tamaño de las parcelas ha significado el desplazamiento forzoso de millones de campesinos e indígenas de todo el mundo, creando una doble problemática: la concentración urbana, con sus megalópolis insostenibles a medio plazo, y el avance sobre tierras hasta entonces vírgenes, que es una de las principales causas de la deforestación a nivel mundial.

      Apoyado en la tan publicitada "revolución verde" e impuesto, por medio de Planes de Ajuste Estructural en los países periféricos y la Política Agraria Común (PAC) en la Unión Europea, este proceso no ha solucionado el problema del hambre en el mundo, sino que lo ha agravado enormemente, al socavar la autosuficiencia alimentaria de millones de comunidades locales. Hoy asistimos a la aparición del "hambre difusa", por la cual en amplias zonas del planeta, no sólo África (Ruanda y Zaire por ejemplo), sino también en el seno de los "países ricos" se ven aparecer “bolsas de pobreza” con el consecuente déficit alimentario. Plantear, tal como lo ha hecho la reciente Cumbre de la Alimentación de Roma, que en veinte años podríamos reducir el hambre mundial a la mitad (y aún en el caso que esto pudiese lograrse sin abordar reformas estructurales de fondo) no deja de ser un ejercicio de cinismo y un hermoso canto de sirenas que nos acerca, todavía ás, a las rocas del naufragio colectivo como especie.

      Porque como contrapartida a estos aspectos, hoy asistimos a una concentración, jamás vista anteriormente, de la producción y distribución alimentaria en muy pocas manos. Las grandes corporaciones transnacionales (TNCs), apoyándose en las élites agroexportadoras de los países periféricos, dominan el comercio mundial de los productos agrícolas. Tres, cuatro o cinco de estas compañías dominan más del 75% del comercio mundial de cualquier producto alimentario, y algunas de ellas figuran en varios a la vez. En los países centrales también actúan, esta vez con su redes de influencia y presión en el aparato político, imponiendo sus intereses en la formulación de las políticas económicas, como bien puede observarse al analizar la PAC. Asistimos, pues, a una situación donde el productor agrícola y el consumidor sufren las consecuencias de unas políticas establecidas cada vez mas lejos de su ámbito de actuación, por unas élites que nadie elige democráticamente, que escapan a cualquier control político y que actúan, exclusivamente, en función de la rentabilidad del capital de sus empresas.

      Se podrá objetar, y no sin razón, que la revolución verde ha tenido aspectos positivos, pero analicemos el tema más despacio: "Después de casi cuatro décadas de expansión sin precedentes en los suministros de alimentos provenientes de la tierra y del mar, el mundo experimenta una ingente pérdida de ese ímpetu. Entre 1950 y 1984, la producción mundial de cereales se multiplicó por 2,6; superando al crecimiento demográfico por un amplio margen y elevando la cosecha de cereales por persona en un 40%. El incremento de las capturas mundiales de pesca fue aún más espectacular: se multiplicaron por 4,6 entre 1950 y 1989, lo cual duplicó las capturas de pescado y otros productos del mar por persona. Juntos, estos procesos redujeron el hambre y la desnutrición en todo el mundo y ofrecieron la esperanza de que algún día serían eliminadas. Pero en los últimos años estas tendencias de la producción de alimentos por persona se han invertido con una brusquedad imprevista. En 1993, las capturas de pescado por persona habían caído alrededor de un 7% desde la cota histórica de 1989. Y después de 1984, el crecimiento de la producción de cereales se ralentizó bruscamente, situándose por detrás del crecimiento demográfico. Entre 1984 y 1993, la producción de cereales por persona ha caído en un 11%. Los historiadores tal vez verán 1984 como un año fronterizo que marca la transición entre una era de rápido crecimiento de la producción de alimentos a otra de crecimiento mucho mas lento. "

      (Lester R. Brown. Inseguridad alimentaria: un tema ineludible. La situación del mundo 1994. Informe del World Watch Institute)

      Si alguien tan poco sospechoso de radicalismo como Lester Brown nos advierte de este peligro es que algo esta pasando. Además, habría que revisar los datos estadísticos acerca del crecimiento de la producción agrícola ocasionado por la Revolución Verde. La introducción de este fenómeno en muchas comunidades locales significó también la monetarización de la actividad agraria, que previamente se regía por otros mecanismos de intercambio (el trueque de productos, por ejemplo) y que por lo tanto, no figuraba en las estadísticas oficiales y no estaba incluída en el indicador por excelencia del "desarrollo”: el PIB, lo cual no quiere decir que no existiese y no fuese relevante para esas comunidades.

      Esta larga digresión por el tema de la seguridad alimentaria se debe a que quizás sea este el tema de mayor transcendencia e importancia inmediata para el conjunto de los pueblos del planeta. Pero no es el único. Sin salir del marco de los aspectos económicos sociales, podríamos señalar el correlato en cuanto a la distribución de estos productos.

      En efecto, estos cambios en la producción agraria fueron acompañados por una creciente concentración en todos los niveles de transformación, distribución y comercialización. Poco a poco, los sistemas tradicionales, de origen familiar y ligados a las zonas de producción, fueron siendo reemplazados por sistemas de escala nacional e internacional, situados lejos de esas zonas y conectados con grandes centros financieros. Ya hemos hablado del control ejercido por las TNCs sobre el comercio mundial. Pero a escala nacional, también podemos observar un proceso similar. Según el estudio del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación de 1994, la cuota de mercado para la alimentación en hogares fue la siguiente:

      Tiendas tradicionales: 36,8%
      Supermercados: 36,2%
      Hipermercados: 14,7%
      Mercadillos: 3,0%
      Otros: 9,3%

      En cuanto a las tendencias durante el período 1989 1994, el mismo informe señala el fuerte descenso de las ventas en tiendas tradicionales, con una pérdida de cuota del 13%, que pasó a los establecimientos de libre servicio. Por el contrario, desde 1987, los hipermercados han ganado un 11% en las ventas a hogares, siendo aún mayor su porcentaje en las ventas a hostelería y restauración.

      (Datos: La Alimentación en España. MAPA. 1984)

      Esta concentración del mercado debe complementarse con el dato de cuáles son las principales cadenas de comercialización de productos alimentarios en el Estado Español. Estas son en orden decreciente: PRYCA, ALCAMPO y CONTINENTE, con capitales de orígen francés y que canalizan en total el 13,2% de las ventas. El cuarto comercializador es el GRUPO EROSKI, el único de capital originario de nuestro país.

      Aunque en el momento actual de nuestra investigación no podemos calibrar el impacto sobre el empleo de esta concentración de la distribución, si podemos adelantar algunas tendencias. La concentración de la comercialización tiene un doble efecto sobre el empleo: pérdida neta de empleos en el sector y pérdida de calidad en el empleo, debido a la mayor precarización, menores salarios y peores condiciones de trabajo en la contratación de personal por parte de las grandes empresas.

       

    • Consecuencias ecológicas:
    • No entraremos aquí en el análisis en detalle de las consecuencias medioambientales provocadas por la agricultura productivista, sino que haremos una breve enumeración de algunos de los efectos provocados. En primer lugar, cabe señalar la pérdida de suelo fértil, que el uso intensivo de abonos e insecticidas de origen fósil ha acarreado. Luego de unos años donde aumenta espectacularmente la producción, se verifica un creciente descenso de la productividad por hectárea, que no puede ser remediada con un aumento de los imputs anteriormente citados.

      En segundo lugar, y conectado directamente con el anterior, el uso de abonos e insecticidas no biológicos significa una mayor contaminación de acuíferos y aguas superficiales. Ya se puede vislumbrar en muchas zonas del planeta el fuerte descenso de la calidad y cantidad de recursos hídricos, aspecto que muchos analistas señalan como la principal causa de guerras para el próximo siglo. Sin irnos muy lejos, tenemos el ejemplo de las Tablas de Daimiel, cuyo acuífero ha sido agotado por la instalación de nuevos regadíos para la plantación de algodón y girasol. Hay quienes opinan que la recuperación de este paraje es prácticamente imposible. El peligro también se cierne sobre el Parque de Doñana, la mayor reserva de vida salvaje de Europa. Podríamos continuar citando ejemplos, tanto a nivel del Estado Español como de otros puntos del planeta, sin olvidar la dramática imagen del barco pesquero en medio de un mar de dunas en la zona del Mar Aral de Rusia. Por aquello de la imagen v las mil palabras, quedémonos con ella para ilustrar este punto.

      La deforestación de los bosques húmedos provocada, como antes hemos señalado, por la concentración parcelaria y, también por la necesidad de nuevas tierras para plantar soja y cereales para el consumo del ganado estabulado en los países centrales, se hace particularmente intensa en la Selva Amazónica y el Sudeste Asiático. Debemos tener en cuenta que por cada hectárea dedicada a la alimentación de ganado en Europa, debemos sumar dos hectáreas más en los países periféricos. El espectacular aumento de la superficie dedicada al cultivo de soja en Brasil y Argentina sólo puede explicarse en función del aumento de la producción ganadera industrial, tal vez el cambio más importante de la producción agraria a nivel mundial en los últimos 50 años. La imposición de la dieta americana (de la que hablaremos más adelante) como ideal alimentario de la humanidad tiene mucho que ver con este cambio.

      También debemos hablar de la pérdida de biodiversidad que ocasiona el remplazo de los cultivos tradicionales por semillas híbridas, altamente devoradoras de agua e imputs energéticos. Este reemplazo, exigido por las grandes cadenas de transformación y distribución, se hace extensivo a toda producción agraria. Un buen ejemplo de esto se puede observar en el Reino Unido, que posee una riqueza de más de 5000 especies de manzanas, aunque sólo se comercializan 9 de ellas. Nunca en la historia, la humanidad ha sido dependiente de tan pocas especies para su alimentación, lo que constituye un verdadero peligro en el medio y largo plazo.

      No podemos olvidar que paralelamente a la pérdida de biodiversidad asistimos a un intento, cada vez más claro, por parte de las TNCs de hacerse con muestras de variedades de cultivos tradicionales de todo tipo y obtener, así, un archivo genético que les permita producir nuevas variedades de semillas manipuladas genéticamente y venderlas con el respectivo cobro de patentes. Esta apropiación del patrimonio histórico de miles de pueblos y comunidades del planeta para su explotación privada, no deja de ser una acto de piratería más, de los tantos que jalonan la historia de los últimos siglos. Las TNCs cuentan con el apoyo del GATT/OMC, que en este tema abandona, sin ningún rubor, su defensa del libre comercio, para santificar el Derecho de Propiedad Intelectual de las grandes compañías, olvidando y marginando de este derecho a los pueblos que han conservado v desarrollado las especies en cuestión. Debemos denunciar la actual concepción de la manipulación genética de semillas, presentada como la nueva panacea para solucionar los problemas de la humanidad como anteriormente se hizo con la revolución verde , como un nuevo elemento que aumentará aún más la dependencia de los campesinos, los pueblos indígenas y los consumidores hacia la gran industria y las grandes redes de distribución.

      Donde, quizás, la pseudo-racionalidad de la rentabilidad económica alcanza límites de verdadero absurdo es en lo relacionado con el transporte. Según datos de la Unión Europea, el volumen de las mercancías transportadas aumentó, en el período 1986 1991, en un 8%. Sin embargo, la distancia recorrida por esas mercancías creció en un 19%. Este mismo informe prevee un incremento del 90% del transporte de mercancías para el año 2010. De resultar cierta esta prospección, los niveles alcanzados por la emisión de C02, principal gas causante del efecto invernadero, alcanzaría cifras insospechadas, en clara contradicción con el compromiso de Río de reducir estas emisiones a los niveles del año 90. Aunque el transporte por carretera consume 4 veces más energía por tonelada/km. transportado, respecto al ferrocarril, el 81% del tráfico de mercancías se realiza por carretera. Si comparamos el transporte aéreo y el marítimo la relación es de 37 a 1 en favor del segundo. Sin embargo, en los últimos 10 años el transporte aéreo de mercancías se incrementó en un 200%.

      De todos los datos enumerados anteriormente, conviene detenerse en la diferencia entre el volumen y la distancia recorrida por las mercancías transportadas. Esta diferencia sólo puede ser explicada por los sistemas de centralización de la distribución propios de las grandes cadenas de comercialización. El ejemplo de la leche recogida en Cantabria, transportada hasta Aranda de Duero para su procesamiento y envasado, y vuelta a llevar a Cantabria para su venta, es un claro ejemplo de despilfarro energético. Otro, bien podría ser las botellas de agua mineral (con su correspondiente envase de PVC) embotelladas en Gerona y vendidas en Madrid, mientras que un agua similar embotellada en las cercanías de Madrid es vendida en Barcelona. Este absurdo sólo puede obtener una rentabilidad económica mediante la externalización de los costes ocasionados por el transporte sobre el conjunto de la sociedad. La construcción de autovías, el mantenimiento de la Guardia Civil de Tráfico, la atención sanitaria de las víctimas de accidentes de tráfico, son asumidos por la sociedad en su conjunto y no incorporados al precio del producto, lo que se transforma en una subvención indirecta de la producción y distribución en gran escala.

      Lo mismo sucede en el caso de los envases. De los 14,2 millones de toneladas de residuos domésticos recogidos en 1994, el 31% son envases de todo tipo. Su gestión recae, una vez más, sobre el conjunto de los contribuyentes, mientras que la distribución a gran escala, que conlleva una mayor necesidad de envases, se desentiende de los problemas que ella origina.

      De todo lo expuesto, podemos deducir que la tan mentada rentabilidad económica de la producción y distribución en gran escala, es una falacia más. Sólo puede funcionar si la energía, el transporte y el envasado externalizan sus costes, mientras que formas más directas de comercialización, menos intensivas en estos factores, no sólo no son subsidiadas, sino que son penalizadas por medio de la imposición de normas y estándares de calidad y sanitarios y agobiadas por impuestos asfixiantes, en contraste con las grandes empresas que son sistemáticamente desgravadas.

       

    • Consecuencias alimentarias y sanitarias:
    • La distribución en gran escala implica, además, la utilización de conservantes de forma masiva. Muchos de estos son grandes tóxicos, provocando enfermedades y muertes en los trabajadores del sector. Especial impacto tienen los utilizados en la conservación de los frutos tropicales, como el café y el cacao, con un aumento de los índices de cáncer e intoxicaciones por encima de la media nacional respectiva.

      Fruto del american way of life, que promociona los mass media, se ha producido una expansión de la dieta americana, muy consumidora de proteínas animales, grasas y azúcares, por todo el planeta. Esta expansión ha ido desplazando dietas más sanas y adecuadas al clima de los nativos, como es el caso de la dieta mediterránea, muy denostada por "especialistas" hasta hace unos pocos años y sin embargo, ahora revalorizada y recomendada como consumo para clases medias y altas, con suficiente poder adquisitivo, una vez que los mercados de legumbres, cereales y el aceite han sido controlados por las TNCs.

      El consumidor también se ha visto afectado por el cambio de los hábitos alimentarios. Han aumentado las enfermedades típicas de los países centrales: diabetes, cáncer, enfermedades coronarias, etc. Los gastos que estas enfermedades ocasionan tampoco son asumidas, aunque sea en una mínima parte, por la industria alimentaria.

      Resumiendo, las consecuencias de todo tipo originadas por la producción y distribución en gran escala son enormes y dramáticas para la mayoría de la población del planeta. Sin embargo, las grandes compañías beneficiarias, unidas a las élites gobernantes asociadas con ellas, no sólo niegan su responsabilidad sino que plantean la necesidad de aumentar su cuota de mercado como una salida a los problemas que ella ocasiona.

     

  2. Objetivos de la comercialización directa:
  3. Aunque la marcha se nos ha presentado más escarpada y larga de lo que suponíamos en un comienzo, tal vez el trecho recorrido hasta ahora nos ahorre camino en el futuro. En efecto, la justificación de los objetivos que se persiguen al articular redes de comercialización directa intentan ser una respuesta a las consecuencias de la producción y distribución en gran escala. Tal como exponíamos al comienzo del trabajo, la comercialización directa supone un compromiso social de transformación del modelo económico actual. A grandes rasgos, los objetivos de este tipo de comercio pueden sintetizarse en los siguientes puntos:

       

    • Aumentar la responsabilidad de los consumidores respecto al sistema alimentario:
    • En nuestro sistema social impera lo que podríamos denominar una fictio juris: el consumidor conoce a la perfección la mercancía que adquiere. Basándose en este concepto los economistas clásicos impusieron la idea de "la invisible mano del mercado", que mediante la ley de oferta y demanda, regularía y ordenaría al conjunto de la sociedad. Esta concepción sigue aun hoy vigente, y con más fuerza que nunca, entre los economistas neoliberales. Sin embargo, las presiones, recientemente exitosas, de las TNCs alimentarias europeas y norteamericanas ante la Comisión y el Parlamento Europeo, respecto a no explicitar en el etiquetado de alimentos la incorporación de productos manipulados genéticamente, tienden a demostrar todo lo contrario. Además, cuando esta teoría fue establecida no existían los mass media, ni las técnicas de marketing, ni la publicidad contemporánea. Hoy podemos afirmar que el consumidor desconoce absolutamente todo respecto al producto que adquiere, en especial si de alimentación se trata. En las etiquetas no figura el orígen, o si lo hace está en letra pequeña, la que nadie lee. No sabemos en que condiciones ha sido elaborado, los conservantes, colorantes y demás aditamentos figuran con códigos difícilmente descifrables, sólo para entendidos. La publicidad nos engaña con productos de denominaciones extrañas: el yoghurt con agentes bifidus(?), por ejemplo. Ignoramos cómo ha sido transportado hasta el lugar de compra, los porcentajes de ganancia que obtienen los intermediarios en el proceso, cuál ha sido el precio pagado al productor, que consecuencias puede tener para nuestra salud su ingestión, y así ad infinitum. En resumen, como consumidores estamos sumidos en una ignorancia cuasi total.

      Cuando nos planteamos la responsabilidad del consumidor respecto al sistema alimentario queremos establecer todo lo contrario: que el consumidor sepa a ciencia cierta dónde va su dinero, que el mismo quede en su zona para mejorar las condiciones del medio rural que lo rodea, que el consumidor pueda expresar directamente sus aspiraciones al productor y que éste pueda satisfacerlas en la medida de sus posibilidades, que el consumidor conozca la realidad socioeconómica del productor y pueda ayudarlo a su mejora.

       

    • Responsabilidad social hacia el medio rural y responsabilidad ecológica:
    • Dada la gravedad del deterioro ambiental que está causando la sociedad actual se hace cada vez más necesario el comprender que en los países centrales no podemos seguir consumiendo materias primas y energía al ritmo actual. Si hiciésemos extensivo los niveles de consumo de nuestros paises al conjunto de la humanidad, la tierra, como sistema cerrado, finito que es, no podría abastecernos. Se hace necesaria la creación de una verdadera cultura de la austeridad mediante un cambio radical en nuestras pautas de consumo. Sino la propia realidad, con el agotamiento total de materias primas a medio plazo, nos impondrá un cambio aún más radical e inimaginable.

      El objetivo de la comercialización directa implica la participación activa del productor y el consumidor respecto al medioambiente que lo rodea. Que ambos conozcan los costes ecológicos externalizados por el modelo económico expuesto en el primer punto de este trabajo. La solución a la grave crisis ecológica que nos afecta sólo puede encararse desde las comunidades y los pueblos, en un proceso de abajo hacia arriba. Son estas comunidades y pueblos quienes mejor conocen, por experiencia histórica, los límites que el ecosistema impone a los procesos productivos. Aquellos problemas más globales: desaparición de la capa de ozono, calentamiento global, etc. deben encararse en foros abiertos y participativos, sin jerarquías ni presiones de grandes TNCs. Los problemas ecológicos causados por la producción de alimentos deben resolverse volviendo a escalas lo más autosuficientes posibles y no desde grandes organismos internacionales, que sólo crearían una nueva estructura de poder: la ecocracia.

      Además, debe abandonarse otra falacia imperante en la actualidad: la superioridad de la vida urbana respecto a la vida rural. Esta falacia, propia de un sistema que piensa que la felicidad de la humanidad pasa por el avance infinito de la ciencia y la tecnología, debe ser dejada de lado, como se olvidan las pesadillas ante un día radiante. Comerciar directamente lleva a dignificar la actividad del campesino y a reconocer la validez del conocimiento local para resolver innumerables problemas.

       

    • Conservar la biodiversidad, los habitats y la vida salvaje:
    • Estrechamente vinculado con el punto anterior, la vuelta a modelos deproducción y de comercialización sostenibles a largo plazo, implica aceptar los múltiples mecanismos de autorregulación que imperan en cada ecosistema. Hasta las plagas, ese terror invencible de la agricultura productivista, cumplen un papel en toda agricultura ecológica que se precie. Esto no quiere decir que haya que cruzarse de brazos ante ellas, sino que debemos combatirlas con métodos tradicionales, que han probado su eficacia a lo largo de muchos siglos, y que no destruyen al resto de la fauna útil en el proceso. Si una actitud así, significa perder algo de la cosecha, debemos entender esa pérdida como un tributo al ecosistema que nos alimenta. Se debe recuperar los cultivos y las variedades tradicionales de cada lugar hoy en peligro de extinción. Ésta es una excelente forma de combatir a las plagas, mientras que las grandes extensiones de cultivos de una sola variedad facilitan su propagación.

       

    • Mejorar la capacidad nutritiva de la comida:
    • Al reducir la distancia entre el productor y el consumidor, eliminamos la necesidad de recurrir a agentes extraños al producto para su conservación . Contra la tendencia imperante en la publicidad y los mass media, reivindiquemos la riqueza culinaria de las distintas culturas, hoy convertida en un objeto exótico, de lujo y sólo al alcance de las clases privilegiadas. Diversifiquemos la dieta, consumiendo legumbres, verduras, frutas frescas y todos aquellos productos de temporada. Debemos aceptar que no podemos seguir comiendo fresones, de dudosa calidad alimentaria, todo el año. Cada producto tiene un ciclo natural y su consumo, cuando realmente es su momento, es el mejor regalo que podemos hacer a nuestro sabor y a nuestro cuerpo.

       

    • Minimizar el consumo de energía, transporte y embalaje:
    • En la medida en que acercamos al productor y al consumidor, disminuimos la necesidad de los elementos del título. El medioambiente, nuestra salud y las futuras generaciones lo agradecerán.

       

    • Incorporar a los productores y consumidores en las decisiones:
    • En la medida en que acercamos el productor y el consumidor, en que favorecemos su conocimiento mutuo y la asociación entre ellos, estamos creando elementos de democracia real frente a la democracia formal. Estamos convirtiendo a ambos en agentes de su transformación, en responsables frente a las decisiones que afectan a su vida. Estamos devolviendo a los individuos, comunidades y pueblos, la capacidad de gestión, hoy presa de decisiones tomadas cada vez más lejos de sus ámbitos y por mecanismos que pocas veces responden a sus intereses.

     

  4. Modelos de comercialización directa:

  5. Para continuar con la metáfora de este trabajo como un camino, podemos afirmar que ya vislumbramos la meta. Por desgracia, en el Estado Español, todo el movimiento de comercialización directa está recién comenzando. Llevamos, al igual que en tantos otros temas, unos cuantos años de retraso respecto a la situación de otros países centrales. La concientización del productor y, en particular del consumidor, es, en la práctica, nula. No obstante, existen varias experiencias incipientes en nuestro país, sobre todo en lo que hace a la producción ecológica de alimentos. Pero muchas de estas experiencias se encuentran con la dificultad de falta de mercado para vender su producto. El caso de frutas ecológicamente cultivadas y enviadas por avión desde Cádiz a Alemania resulta especialmente paradójica. Lo que es, sin lugar a dudas, una forma equilibrada de producción, resulta insostenible ecológicamente en su distribución. Sin embargo, existen desde hace unos cuantos años, varios intentos de comercialización directa que expondremos en nuestro próximo punto.

    Respecto a los modelos de este tipo de comercialización hemos procedido a una división metodológica a efectos de clarificar la exposición. Esta división no forma compartimientos estancos, sino que, por el contrario, muchas de ellas se mezclan entre sí, formando un entramado particularmente rico y que imposibilita el establecer una jerarquía entre ellas e impide, por suerte, el establecer una forma única y universal. Más bien al revés, cada región, cada comunidad, debe encontrar la solución más adecuada para establecer su forma de comercialización. A continuación expondremos algunos de los modelos de comercialización directa que tienen lugar en distintos puntos del planeta.

    • Las cooperativas de consumidores:
    • El país donde la comercialización directa de productos alimentarios ha alcanzado una mayor envergadura es Japón. A cualquier persona que piense que este tipo de comercialización no es más que una hermosa utopía, una ilusión de alguna mente trasnochada y calenturienta, convendría enfrentarlo con los datos. En Japón, según las fuentes, existen entre 11 y 16 millones de consumidores agrupados en cooperativas de este tipo. Esto significa casi un 10% del mercado total y no estamos hablando de un país periférico o anclado en el pasado. Aunque sin duda la tradición cultural y religiosa tenga algo que ver con este fenómeno, el mismo es relativamente reciente. La cooperativa más antigua el Seikatsu Club. Fundada en 1965 por un ama de casa para hacer frente al encarecimiento del arroz, se convirtió en cooperativa en 1968. En la actualidad agrupa a mas de 500.000 socios y ha centrado sus actividades no sólo en lo concerniente a los precios, sino que impulsa y financia a muchos proyectos de agricultura ecológica. Su estructura esta dividida en grupos (han) formados por un numero de 6 a 30 familias, que mantienen contactos directos con productores de su zona. En base a listas avanzadas por éstos, elaboran un pedido mensual por adelantado, haciendo los pagos cada grupo por separado y con el criterio de un producto, una variedad. Los productos son servidos con una frecuencia de acuerdo a su caducidad, variando desde una entrega mensual para los no perecederos (arroz, legumbres); a dos veces por semana en el caso de la leche.

      El modelo de cooperativas de consumidores es el más extendido en el Estado Español, en especial en Cataluña, como veremos en el próximo apartado.

       

    • Las cestas de productos:
    • Este tipo de comercialización surge desde el productor que ofrece una cesta a un precio fijo de acuerdo al tamaño. La cesta contiene distintos productos de temporada y a un precio que los hace competitivos con los adquiridos en los demás lugares de venta. Un ejemplo puede ser la Jan & Tim Deane's Box. Estos productores poseen 31 acres en Devon (Reino Unido) v abastecen en la actualidad a unos 200 consumidores. En un comienzo, encararon el sistema como un complemento de la venta a tiendas, pero en la actualidad este sistema absorbe la totalidad de la producción. Asimismo, los productos ofertados han pasado de unas 12 15 variedades en un principio, a más de 50 en la actualidad.

      En nuestra investigación, en sus comienzos aún, no hemos detectado ningún ejemplo en el Estado Español, aunque puede ser que existan.

       

    • Los mercados locales:
    • Aquí sí que podemos reivindicar una “ventaja comparativa" del Estado Español respecto a otros países europeos. Mientras en otras zonas están prácticamente desaparecidos o como una especie de reliquia folklórica; los mercadillos tradicionales aún persisten en amplias zonas del Estado, siendo particularmente abundantes en la Cornisa Cantábrica. Aunque la tendencia es a desaparecer dado el empuje de los hipermercados, debemos luchar para su conservación. Muchos agricultores ecológicos subsisten gracias a ellos y se hace necesario el exigir a los Ayuntamientos y Comunidades Autónomas su conservación mediante ayuda y desgravaciones a los productores que acudan a ellos. El mercadillo tradicional sigue siendo, no sólo un lugar de intercambio comercial, sino un punto de encuentro, de fiesta local. Es necesario su conservación como una forma de mantener viva las culturas de nuestros pueblos.

       

    • El agricultor urbano:
    • Tal vez el modelo más acabado de ciudades densamente pobladas abastecidas desde las cercanías sean las ciudades chinas. En efecto, 14 de las 15 mayores ciudades chinas son abastecidas desde su área metropolitana. El ordenamiento urbano ha sido realizado destinando a la edificación entre un 20 y un 48% del suelo, situando las zonas industriales en el otro extremo de la ciudad, respecto a las granjas. Este modelo de ordenamiento y abastecimiento urbano esta siendo arrasado por la "modernización v capitalización" de China y por las políticas desarrollistas impulsadas por el FMI y el Banco Mundial en este inmenso país.

      En Europa son particularmente interesantes las experiencias de los llamados Ashram Acres en varias ciudades del Reino Unido. Fundados a partir de una fuerte presencia de poblaciones hindúes y del resto de Asia, fuertemente marginalizadas y castigadas por el paro, este tipo de producción surgió como una forma de integración social y laboral, a la vez que como un intento de obtener al menos una parte de la alimentación por sistemas de autosuficiencia.

      En el Estado Español existen varias ciudades que cuentan con zonas de suelo público destinado a la producción de productos hortícolas. Pero su enfoque responde más a un interés como terapia ocupacional destinada a la "Tercera Edad", que a un intento serio de promover formas alternativas de producción. Debería impulsarse la conciencia sobre la necesidad y viabilidad de la agricultura ecológica, sobre todo incorporando su actividad como una tarea dentro de la Educación Medioambiental en colegios e institutos. Las formas de agricultura urbana pueden convertirse en un excelente instrumento de concientización en nuestras ciudades sobre estos temas. Debemos impulsar su establecimiento exigiendo a los Ayuntamientos la promoción de la misma y un cambio total en su enfoque, promoviendo una producción sostenible a largo plazo.

       

    • Los sistemas de trueque:
    • Estos sistemas, también conocidos por sus siglas inglesas: LETS (Local Exchange Trade Sistems) se basan en el intercambio de mercancías y servicios entre los miembros de la asociación. Generalmente va acompañado de la emisión de una moneda propia, que sirve como unidad de cuenta de todos los miembros. Sabemos que en algunos sistemas de trueque localizados en zonas rurales francesas se han incorporado campesinos de la zona, con un excelente resultado en cuanto a mejora de su nivel de vida se refiere.

       

    • Otras posibles formas de comercialización:
    • En este punto trataremos de señalar otros caminos posibles para el desarrollo de la comercialización directa. En primer lugar, podemos señalar a las tiendas verdes. Estas tiendas, hoy presentes en muchas ciudades del Estado, se caracterizan por ofrecer productos ecológicos, aunque a un precio excesivo, que llega a doblar el de un producto similar no ecológico. Se debería impulsar la comercialización a través de ellas, pero con un contenido social, mediante un abaratamiento sistemático de los precios, que no convierta a estos productos en un articulo de lujo, con claras connotaciones snobistas y sólo al alcance de clases medias v de profesionales con alto poder adquisitivo.

      Otro punto interesante podría ser el abastecimiento directo a restaurantes vegetarianos. Las salvedades realizadas en el párrafo anterior pueden ser perfectamente aplicables en este caso. Otro ejemplo en ese sentido son las tiendas de la solidaridad, que comercializan directamente productos de cooperativas de los países dependientes, aunque no han conectado aún con experiencias del Estado Español del tipo aquí explicadas.

      Existe, en general, la necesidad de conectar este tipo de producción y distribución con los movimientos sociales de todo tipo que, hoy por hoy, constituyen, tal vez, el sector más dinámico de nuestras sociedades. Desde los Colectivos de Solidaridad, al Movimiento Okupa, con sus centros sociales, pueden ser sectores que se sumen a iniciativas de este tipo. Empleando la jerga publicitaria son excelentes "consumidores potenciales", aunque su verdadera importancia radique en la riqueza de puntos de vista y experiencias colectivas que puedan aportar.

     

  6. Experiencias de comercialización directa en el Estado Español: (muy provisional, cambiará con el informe)
  7. Dado el estado actual de nuestra investigación nos resulta imposible hacer un informe en detalle de las distintas experiencias actualmente existentes en las distintas regiones del Estado. Para un inventario más detallado remito al libro: "Las otras empresas" de Elena y Rosa Vilanova, TALASA Ediciones, 1996. Aunque se dedica, tal como su nombre indica, a experiencias económicas alternativas de todo tipo, tiene unos apartados donde analiza y proporciona contactos con distintos sistemas de comercialización directa y con diversos productores de agricultura ecológica.

    Una rápida lectura del libro nos indica que la mayoría de experiencias de comercialización directa se dan en Cataluña, Euskadi y Pais Valenciá. Existen asimismo algunos intentos en Andalucía, fundamentalmente nucleados alrededor de algunas cooperativas impulsadas por el SOC. Llama poderosamente la atención la inexistencia de algo similar en Madrid, donde sólo existe, al menos que sepamos, una sola cooperativa de consumidores establecida a partir de un grupo de mentalidad antroposófica; aunque en los últimos meses comienzan a articularse algunos intentos de este tipo.

    Por último, desde Aedenat y Plataforma Rural, hemos comenzado el trabajo de concientización y de organización de una red de consumidores de productos, no sólo ecológicos, sino también de "calidad" (o sea de elaboración artesanal y tradicional) en la zona de Castilla-León. El trabajo, comenzado hace sólo dos meses, es aún muy reciente, aunque sus perspectivas de evolución son muy interesantes.

    Y por fin hemos llegado al final de nuestro camino. Pero ahora, que nos hemos sentado a tomar un respiro, comprendemos que aún está todo por hacer. Es nuevamente hora de ponerse en marcha. Por último, permitidnos que terminemos este trabajo con una cita:

    "Ella esta siempre en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos mas allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré. ¿Para qué sirve la utopía? Para eso sirve: para caminar. "

     


    (Eduardo Galeano. "Las palabras andantes")

    Enero 1997

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